Guerras Carlistas y su repercusión en Venta del Moro

LAS GUERRAS CARLISTAS Y

SU REPERCUSIÓN EN VENTA DEL MORO


Las guerras carlistas enfrentaron en su primera fase (1833-39) a los isabelinos (partidarios del ascenso al poder de Isabel II, hija de Fernando VII) y a los carlistas (partidarios del infante D. Carlos, hermano de Fernando VII). El autor repasa los principales hechos que tuvieron lugar en la comarca, centrándose especialmente en Venta del Moro y sus aldeas, partidarios de Isabel II.

Digamos, para los legos en Historia, que las guerras entre isabelinos y carlistas (que fueron tres) tuvieron su origen a raíz de la muerte de Fernando VII, en que su hermano Carlos (de aquí la denominación de carlismo y carlistas) pretendió sucederle en el trono de España, en perjuicio de la hija del rey, Isabel (por entonces niña de corta edad), después Isabel II, que estaba bajo la regencia de su madre María Cristina de Borbón. Hay que decir que Fernando VII se había casado con su prima hermana María Cristina cuando ya tenía 45 años y en cuartas nupcias, sin haber tenido descendencia con sus tres anteriores esposas. Tuvo con María Cristina dos hijas, Isabel en 1830, y Luisa Fernanda en 1832. Es decir, su sucesora habría de ser la pequeña Isabel II (de donde sus partidarios serían los isabelinos).
Las pretensiones del hermano de Fernando V!I, Carlos, a la corona, se basaban en una ley promulgada por Felipe V en 1717 en que se excluía a las hembras de la sucesión al trono (Ley Sálica), pero Fernando VII la derogó en marzo de 1830 por influencia de María Cristina, y aún antes de nacer la niña Isabel, que vino al mundo el 10 de octubre de aquel año 1830.
El infante Don Carlos siempre sostuvo su derecho creyéndolo legítimo, y arrastró a sus numerosos partidarios a una guerra civil. Los liberales españoles vieron en la misma Cristina su amparo y refugio contra las maniobras de los partidarios carlistas, y se agruparon exaltando a la pequeña Isabel, una vez muerto Fernando en septiembre de 1833, convirtiéndose en sus defensores a ultranza. Así se originó la primera guerra carlista (Guerra de los Siete Años 1833-1839). Hay que decir y resaltar que, salvo contadas excepciones, el vecindario de nuestra comarca y mayoritariamente toda España se sumó desde un principio a la causa de Isabel II, cerrando sus puertas a los partidarios de don Carlos de Borbón. Sin embargo, el País Vasco, gran parte de Navarra, del norte de Castilla, de Aragón y de Valencia, se inclinaron por el carlismo.
Hecha esta pequeña digresión sobre las causas de las guerras carlistas, nos centraremos en lo que supuso para nuestra comarca, y en especial para nuestro pueblo Venta del Moro, donde, como se ha dicho antes se estaba casi completamente inclinados a la defensa de la Reina niña Isabel II, ya proclamada a los 3 años de edad.

INCIDENCIAS EN NUESTRA COMARCA
-Ya en noviembre de 1833 don Bartolomé Rausell pretendía levantar en Utiel una partida carlista, impidiéndolo el teniente coronel don José Casero. Fue entonces cuando don Ramón del Pino "director del Presidio de la Real Carretera de las Cabrillas" temiendo por los 500 presos que estaban bajo su custodia, pidió ayuda a Requena, quien formando tres compañías entre voluntarios y la milicia urbana, lograron ahuyentar a Rausell en Utiel y a Roger en Siete Aguas con sus correspondientes partidas.
- En 1834, las facciones que recorrían nuestra comarca eran cada vez más numerosas. Los más calificados defensores del carlismo eran don José de Medrano, el canónigo Isidoro de Salazar, refugiado en los Corrales de Utiel, y "retenido" luego en el castillo de Requena por el capitán de urbanos de Utiel don Miguel Sáez "E1 Gitano"; don Antonio Ruiz Perejil, y el fraile franciscano exclaustrado don Francisco Guillén, que se instaló en Fuenterrobles y, con José Antonio López y otros, formó una partida carlista.
No olvidemos que en estos avatares, Venta del Moro, todavía era aldea de Requena, y aunque partidario nuestro pueblo de la Reina, también los carlistas tenían su influencia, llevados algunos elementos por los cabecillas de Utiel, Requena, y los antedichos furibundos partidarios de don Carlos.
- Así las cosas, entraba en Utiel el célebre general carlista don Ramón Cabrera (el llamado "Tigre del Maestrazgo") con 1.200 hombres, alistándose allí bastantes jóvenes utielanos. Esto sucedió el 17 de septiembre de 1835; y al día siguiente fue Cabrera hacia Requena seguro de atraer a la población a su causa, y calculando el tiempo que podrían tardar en llegar socorros a esta villa requenense, quiso aventurar un ataque violento. Pero el coronel don José Ruiz de Albornoz, jefe que era del Cantón Militar, se aprestó a la defensa llamando a los ciudadanos a ello, contando con unos 150 fusiles y muchas escopetas. Los comandantes carlistas de Cabrera, Quílez y Cubells, que atacaban por Las Peñas y el Portal de Reinas, fueron rechazados, pues mientras los hombres defendían el terreno palmo a palmo, las mujeres y los muchachos abrían zanjas y formaban barricadas. Tras nuevos forcejeos del sitiador, las torrecillas, ventanas y tejados estaban llenos de luchadores voluntarios y gentes que abrieron fuego vivísimo, forzando la retirada de los atacantes hacia la Loma de San Francisco, ya fuera de la población. Ya había habido 60 bajas de la facción, y se habían apoderado los requenenses de tres carros de víveres. De Requena sólo cayó un voluntario (Fausto Gimilio) y resultaron algunos heridos.
Al anochecer de aquel mismo día, el jefecillo carlista Domingo Forcadell envió al coronel Albornoz un comunicado exigiendo la inmediata rendición de la plaza..., pero enterados los carlistas de Cabrera de que se aproximaban nutridas huestes de milicias urbanas desde Turís, Buñol, Chiva, Cofrentes, Jalance y Utiel, organizaron su retirada. Cabrera marchó a Chelva, sin detenerse en Chera, donde el cura arrogante y ferviente isabelino, don Manuel Fernández le retaba gallardamente como si tratase de hacerle caer en una emboscada, ya que las columnas de Amor, González, Antonio Buil y el general Albuerne amenazaban su retirada.
- Ya en el año 1836, la facción de Miguel Sancho( el Fraile de la Esperanza) atacaba impunemente Venta del Moro, Caudete, Fuenterrobles y Villargordo, sin que la columna isabelina de Warleta pudiera evitarlo (marzo de 1836). E1 mismo cabecilla siguió requisando acémilas y burlando columnas isabelinas, mientras que otros comandantes de la facción, Quílez, Morán y el canónigo Perciba proyectaban desde Utiel otra acción sobre Requena, siendo alejados por el general Palarea.
Aquel verano se constituyó la Junta de Gobierno y Defensa de Requena, estableciendo correos diarios con los pueblos y aldeas. Hay que decir que por entonces Chelva era el centro y sede de los carlistas y Utiel estaba casi por entero a su merced. De tal manera que las milicias urbanas de Utiel tuvieron, en ocasiones, que refugiarse en Requena, perseguidos por las facciones de Cayetano, Quílez, el arcipreste de Moya don José Millán y otras.
-Merece citarse que en aquellas fechas (agosto de 1836) las hasta entonces aldeas de Requena, Caudete de las Fuentes, Fuenterrobles y Venta del Moro, alcanzaron su independencia y se constituyeron en villazgo. Pero este feliz circunstancia para los nuevos pueblos no impidieron sus continuos saqueos y extorsiones, ya que siguieron afectos a la causa isabelina y dependientes en lo militar del Cantón de Requena, al que casi diariamente enviaban sus partes, como igualmente lo hacían Utiel, Villargordo y Camporrobles. Y tanto en la embestida carlista contra Requena realizada por Cabrera el año anterior, como en la que en septiembre de 1836 hizo el general Gómez, en compañía otra vez de Cabrera, los voluntarios de los recién creados municipios dieron su talla de valor, ayuda y compañerismo con generosidad. Al fin y al cabo toda la comarca se hermanó en aquellas negras circunstancias, como lo había hecho contra el francés de 1808, porque bebían de las mismas raíces.

SIGUEN LAS INCIDENCIAS. LA EXPEDICIÓN DEL GENERAL GÓMEZ

Situándonos en el mes de septiembre de 1836, el día 7 llegó a Utiel, procedente de Chelva, y que ya llevaba gran parte de recorrido con su famosa expedición por media España, el general carlista Gómez, (don Miguel Gómez) quien apremió a los jefes de las facciones que operaban desde el Maestrazgo hasta Murcia para que se le unieran rápidamente. Allí se le unieron en pocos días Quílez, Miralles, Cabrera, Arnau, Arévalo, Cala, Millán, Font, Sancho y Durán, aportando entre todos unos 8.000 hombres.
El día 11 había llegado Cabrera a Utiel, abogando por una inmediata acción contra Requena, acción que había fracasado el año anterior. Gómez trató de oponerse ; pero terció el arcipreste de Moya, don José Millán, y se convino una "excursión" a Requena, seguros de rendirla con sólo exhibirse las tropas. Incluso se prepararon 50 acémilas para el botín y gran cantidad de picos para demoler las defensas (según relata Pirala).
El día 13 de septiembre marcharon hacia Requena, donde ya se les esperaba, sin distinción de edad, sexo o clases, impávidos todos sus habitantes ante el torrente de boinas rojas que cubría el camino, mientras las campanas de la torre del Salvador ("las campanas salvadoras") alarmaban la campiña. A las dos de la tarde, los batallones carlistas acampados en lo que hoy es lugar de la plaza de toros y cercanías, se desparramaron por los arrabales, cortando las aguas, arrasando casas aisladas y tanteando las líneas defensivas, siendo rechazados desde el cerrito de Isabel II, en Las Peñas, y desde San Francisco en la Loma, que era un fortín defendido por el abogado Cañete con su compañía de voluntarios. E1 general carlista se decidió al fin, atacando por la puerta de Alcalá, Cantarranas y el camino de Valencia, empleando ya su artillería; pero el teniente don Enrique Zanón, desde la cuesta del Cristo, defendida por los nacionales de Utiel y algunos de Venta del Moro, logró desmontar con su cañón una pieza enemiga. Mientras los jinetes de Fernández Albarruiz iban de un lado a otro transmitiendo las observaciones que desde la torre del Salvador hacían varios sacerdotes, mientras las mujeres "servían aguardiente a los hombres y arrastraban la escasa artillería desde unos lugares a otros" estratégicamente.
Viendo Gómez la decisión de los defensores, recurrió a un pobre hombre llamado Juan Pardo (Manzana) para que entregase al coronel Ruiz de Albornoz un comunicado conminándole a la rendición, a lo que Albornoz contestó verbalmente "manifestando la resolución de enterrarse bajo las ruinas de la Patria antes que rendirse".
Fracasadas estas gestiones, los carlistas movilizaron nuevos grupos de combatientes, pero, convencidos de la esterilidad de sus propósitos, tomaron el camino de Utiel cuando ya anochecía, entre el alborozo indescriptible de los requenenses que "ganaron para su pueblo el título de Ciudad" y "la gallarda actitud del vecindario absorbió la atención de los periódicos de la época, y Madrid, la capital de España, honró este suceso dedicando una calle a Requena" que todavía ostenta su nombre, frente por frente al Palacio Real.
Los generales Gómez y Cabrera, disgustados entre sí por la forma ridícula en que había quedado la acción, siguieron su famosa expedición al día siguiente, 14 de septiembre, y dos días después, los carlistas que quedaron en Utiel abandonaron el pueblo ante la proximidad de los generales isabelinos Alaix y San Miguel.
E1 día 14 pernoctó la expedición de Gómez y Cabrera en el Renegado, el día 15 pasaron por Venta del Moro, Casas de Moya, Los Cárceles y llegaron a Casas Ibáñez en una larga y penosa marcha. Ni que decir tiene que estas tierras y gentes nuestras hubieron de suministrar a la columna carlista (unos 3.000 hombres), alimentos, paja, cebada, alpargatas y algunas caballerías o acémilas de carga.
- En los últimos meses de 1836 y primeros de 1837 las partidas de José Domingo Arnau y de Luis Casadevall (Llangostera) tenían a las aldeas y pueblos comarcanos indefensos a su merced, entre ellos Venta del Moro y sus actuales aldeas y caseríos. A mediados de febrero las poderosas facciones de Forcadell y Llangostera cercaban de nuevo a Requena, mientras Cabrera destrozaba una columna mandada por el coronel Crehuet cerca de Siete Aguas.
Ante el cariz bélico y político que tomaban los acontecimientos fueron expulsados de Requena don José de Medrano; los sacerdotes don Juan Antonio Moral, don Lorenzo Justo y don Santos Crespo (este último fue después párroco. de Venta del Moro desde 1839 a 1855), y otros incondicionales de la causa de don Carlos.
E1 14 de marzo de 1837, un grupo armado de utielanos y requenenses apresó cerca de Sinarcas a 38 carlistas que conducían varios carros de víveres, y dos días después aún insistían Cabrera, Forcadell y Sancho (el Fraile) preparando desde Utiel un nuevo ataque contra Requena, que también fracasó. Era el día 19 de marzo, y en esta luctuosa acción murieron nueve milicianos patriotas requenenses acorralados cerca de la Fuente de Reinas. Y es que Cabrera tenía por entonces establecido su cuartel en Utiel. E1 cerco se acentuó el 25 de marzo. Pero cuando los jefes isabelinos se convencieron de los empeños carlistas sobre Requena, Cabrera, inopinadamente se marchó con sus huestes a la huerta valenciana. Tampoco los isabelinos lograron detener o impedir el paso de Forcadell que venía desde tierras murcianas con enorme botín hacia Utiel : el audaz guerrillero carlista, tras burlar al brigadier Hidalgo, llegó a Los Pedrones y, en medio de una lluvia torrencial, por caminos intrincados, apareció en Siete Aguas.
También fueron frecuentes las incursiones de Tallada desde la serranía conquense, sorprendiendo en Garaballa a doce nacionales requenenses que fueron fusilados sin piedad cerca de Cañete.
- El día 2 de julio era proclamada la nueva Constitución, realizándose en todas las parroquias el correspondiente juramento. Mientras tanto, Sancho, Tallada y Peinado burlaban la persecución de Buil y de Borso, cometiendo muchos desmanes "desarmaron y apalearon a los nacionales de Venta del Moro" y establecieron una especie de portazgo en las atalayas de Contreras, no dejando en paz durante aquel verano a la industriosa arriería.

ALGUNAS PARTICULARIDADES DE LA GUERRA EN VENTA DEL MORO.

E1 sistema constitucionalista surgido al proclamarse la Constitución de la Monarquía el 15 de agosto de 1837, sedimentó nuestros afanes y nos equiparó al resto de los pueblos comarcanos con el título de Villa, y después "Leal Villa de Venta del Moro" conseguidos un año antes por el decidido apoyo venturreño a la causa isabelina y por los sufrimientos padecidos en las continuas pasadas y crueles exacciones exigidas por los carlistas, que, si bien, pretendían justificarse por sus principios, pronto cayó en la abyección y falta de escrúpulos de muchos de sus cabecillas y seguidores.
Por varios años rigió los destinos venturreños como Alcalde el patriota Francisco Trujillo, cuyo Ayuntamiento, casi recién creado, quiso poner orden a costa de muchos sacrificios, y a veces. fustigando y exonerando a algunos vecinos adictos a las ideas carlistas, que, equivocados o no, seguían fieles a su ideal de Dios, Patria y Rey. Uno de los apoyos del alcalde Trujillo era Ramón Yebes, especie de comandante de la Milicia Nacional creada para defensa del pueblo, y encuadrada en los batallones de Requena (Ver "El Lebrillo Cultural", nº 10).
E1 estado de guerra continua en la comarca estaba de manifiesto, y en tales circunstancias Venta del Moro hubo de ayudar con raciones y tropas al ejército isabelino. Así consta que en julio de 1837 se efectuó un reparto entre varios pueblos para el sostenimiento de la columna de operaciones de Castilla la Nueva, correspondiendo suministrar por Venta del Moro, que tenia unos 350 vecinos entre pueblo y aldeas, 80 raciones diarias de pan, 21 de carne de 12 onzas, 21 de vino, 7 de cebada de dos celemines y 7 raciones de paja, y que debían remitirse a Utiel cada ocho días, y por adelantado.
También en agosto de 1837 se publicó en nuestro pueblo el bando de declaración del estado de sitio, proclamado por la Capitanía General de Castilla la Nueva. Firmaron el bando y acusaron recibo el alcalde Francisco Trujillo, el comandante Ramón Yebes y el secretario Antonio Martínez.
En noviembre del mismo año 1937, nuestros regidores anteriormente citados se dirigen por escrito al cantón militar de Requena, solicitando, al menos, cincuenta paquetes de cartuchos para municionar a los milicianos nacionales del pueblo, pues debido a las continuas salidas contra los carlistas se acusaba falta de municiones. Para influir más sobre el suministro pedido, en el citado oficio se invocaron algunas razones de peso, tales como : "mayormente habiendo pasado tan repetidas veces a esta ciudad en su auxilio, y estando sumamente persuadidos de que los servicios prestados a la misma exige recíproca correspondencia...", con lo que se consiguió el suministro de municiones solicitados.
El año 1838 fue nefasto y calamitoso para Venta del Moro, debido a la lucha civil que continuaba, así como para toda la comarca. La guerra estaba en su punto álgido y el movimiento de tropas y partidas saqueaba la pobre y ya esquilmada riqueza agropecuaria de que se nutría la población, y los desmanes contra la vida y la seguridad del pueblo y aldeas estaban a la orden del día.
Bien se puso a prueba la recientemente conquista municipalidad venturreña, pues las facciones de Peinado, Vizcarro y El Puli (éste último de Utiel) entraban y salían a su albedrío, exigiendo raciones, amenazando de muerte a los vecinos pudientes y cometiendo toda clase de fechorías.
Parece ser que los más amenazados eran los alcaldes constitucionales y su concejales y funcionarios, los cuales, para salvar la vida, huían al menor atisbo de proximidad o acercamiento de las partidas carlistas. Prueba de ello es que estando obligados por la comandancia militar de Requena a dar parte de cualquier contingencia, los oficios y comunicaciones o partes que se envían durante todo el año 1838, son firmados por diferentes o distintas personas y en muy diversas y angustiosas circunstancias :
n El 16 de febrero de 1838, el secretario Antonio Martínez, que hacía oficio de alcalde, comunicó la presencia e "EL Puli" y su pernocta en el pueblo, marchando al día siguiente sin consecuencias.
n El día siguiente, 17 de febrero, hay otro parte, firmado esta vez por Pedro Navarro, en el que se dice que la facción de peinado se dirige desde Tamayo a Villargordo para unirse a la partida de "El Puli" (llevaba Peinado 200 soldados de a caballo).
n El 18 de febrero hay otro parte firmado esta vez por Francisco Clemente, manifestando que la noche anterior durmieron en Venta del Moro más de 70 carlistas y recogieron escopetas y algunos fusiles de la milicia nacional, habiéndoseles agregado cuatro vecinos simpatizantes de este pueblo. El mismo día y desde Villargordo se comunica a Requena un movimiento carlista hacia la Fuenseca y otros caseríos del Cabriel.
n El 22 de febrero fue sorprendida la facción en la Fuenseca por tropas isabelinas que iban en su persecución, haciéndoles huir hacia Mira y la Fuencaliente.
n El 26 de este mismo mes, el alcalde de Villargordo comunica que no tiene más remedio que enviar su partes por la ruta de la Venta del Moro, ya que habiéndolo hecho por Fuenterrobles han sido interceptados por los carlistas ; pero ruega se oficie a la justicia de Venta del Moro para que no se ponga impedimento alguno ya que se han negado en alguna ocasión a darles curso, aun siendo partes urgentes.
Continuará